Memorias rojiblancas: Roberto Nanni, talento fugaz

25/03/2020 Aarón Martínez

Ni el fútbol ni la ciencia son exactos. Múltiples factores pueden afectar a un suceso que se plantea como exitoso o decepcionante. El paso por Almería de Roberto Nanni sigue siendo uno de los sucesos más extraños y con una mayor cantidad de matices de la historia del club.

El delantero argentino llegó a la ciudad almeriense en octubre, con la liga ya empezada. Fue uno de los fichajes estrella de la temporada 2004/05, en la que el conjunto indálico estrenaba el estadio de los Juegos del Mediterráneo. Alfonso García presumía de delantero de Champions League, ya que procedía cedido del Dinamo de Kiev, pero con opción de compra. La idea del ascenso ya rondaba en la cabeza del murciano.

El estreno de Nanni fue inmejorable. Debutó en un partido contra el Córdoba, entrando en el minuto 18 por la lesión de Paco Luna. Fue el encargado de anotar el segundo gol en la primera victoria del Almería en su nuevo feudo. El otro tanto del encuentro que correspondía con la jornada siete fue del capitán Esteban Navarro. Un partido para la historia en el que Nanni ya dejó su firma.

Sin embargo, muchos recuerdan a este jugador por otra de sus actuaciones: la exhibición en Tenerife. En la jornada diez del campeonato, el Almería visitaba el Heliodoro Rodríguez. Ese día, Nanni dio una lección de fútbol y marcó dos goles para derrotar al equipo canario.

Cuando todo iba sobre ruedas, de repente todo se frenó. Una supuesta lesión provocó que Nanni no jugase más con la elástica rojiblanca. Desde el 22 de diciembre no jugó ni un minuto. Un coitus interruptus en plena efervescencia goleadora del jugador sudamericano. Una narrativa con final en aquella temporada, ya que se marchó al Siena italiano.

Su paso engrosa el listado de grandes nueves de la historia de los unionistas, con jugadores como Negredo, Uche, Charles, Francisco, Luna, Ulloa o Darwin Núñez. Este último tiene el testigo de aquello que no finalizó Nanni (como bien explicó Raúl Piñeiro). No obstante, un jugador que no jugó ni 1000 minutos (959 para ser exactos – 12 partidos y 5 goles-) y que ha dejado tan buen recuerdo, solo puede calificarse de una forma andresmontesiana: jugón.

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