Una minoría que no pasa desapercibida

10/01/19. Rubén Rozas Jódar

Esta semana podría hablarles en mi artículo de las siete jornadas consecutivas sin perder que lleva la UD Almería o de los cuatro partidos seguidos que lleva Juan Carlos Real, quien se encuentra en un espléndido momento de forma. También podría elegir el gran momento que atraviesa Álvaro Giménez, quien ante el RCD Mallorca logró su séptimo tanto del curso. Incluso podría seleccionar la mayoría de edad que alcanza la entidad rojiblanca con su actual denominación este jueves.

Sin embargo, prefiero hablarles de algo que presencié durante el último encuentro frente a los bermellones y que afecta todavía a nuestro deporte. Quizá ya sepan por donde voy. El tema que he elegido es la lamentable imagen que dio una minoría de seguidores rojiblancos, o al menos eso dicen ser. Pero que quede claro, una minoría. Aprovechando la visita de un paisano al Mediterráneo, más de uno y de dos le dio por insultar y verter toda clase de improperios contra este jugador. Si todavía no saben de quién les hablo yo se los digo. Se trata de Salva Sevilla, futbolista natural de Berja que milita en el RCD Mallorca dirigido por Vicente Moreno.

Pero mi crítica no va porque este jugador sea almeriense, sino por el simple hecho que en pleno año 2019 tengamos que seguir presenciado semejante actitud tan bochornosa. Un problema que también se dejó notar en mi sector, el 138 de preferencia, donde tres o cuatro chavales decidieron insultar en repetidas ocasiones al virgitano, aun habiendo niños alrededor. Que, por cierto, era la primera vez que los veía en mi sector. Una actitud que en una ocasión se trasladó a un niño que no tendría ni diez años. Un pequeñín que no tuvo ningún problema en lanzar un insulto que por su gravedad no lo voy a decir explícitamente. Pero si les digo que es un insulto de tres palabras, la primera empieza por ‘h’ y la tercera comienza por la letra ‘p’, supongo que sabrán ya de cual les hablo.

No es la primera vez que esto sucede, y por desgracia no será la última. Pongámonos en la piel de aquellas personas que son insultadas por hacer su trabajo, en este caso jugar al fútbol o arbitrar un partido. ¿Cómo nos sentiríamos si esos insultos y faltas de respeto fuesen dirigidos hacia nuestra persona? Seguro que nos sentaría mal. Es por ello que no logro comprender como en el siglo XXI hay gente que decide acudir a un encuentro deportivo para insultar a un adversario o al colegiado, en lugar de disfrutar de su equipo y del partido en sí.

Una actitud que me encantaría, y a muchos más, que no se volviese a repetir. Seré un iluso, porque difícilmente esa actitud vaya a desaparecer de los recintos deportivos. ¿Misión imposible? Posiblemente, aunque espero que no y esto se soluciones. Pero no podemos dejar de reprochar semejante comportamiento, aunque se trate de una minoría.

Por un fútbol sin violencia y sin odio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.