Si nos dejan, con perdón

02/05/20. Javier Montoya

Empezaré pidiendo disculpas. Pido que me perdonen los que esperaban que escribiese más sobre la UDA. Reconozco que me he acabado poniendo pesado a veces, muchas, con temas que poco o nada tenían que ver con fútbol o deporte en general. Pero entiéndanme, al final uno habla de lo que más le preocupa. Y no es que no me ocupe de ello. Ojalá nos deje la vida disfrutar de nuevo pronto de las paradas de Fernando, que inició la semana renovando hasta 2022. Lo último que recuerdo de la anterior fue una charla en redes entre Balliu y Vada, a los que también esperemos poder volver a ver en breve en el estadio.

Si nos dejan, siento decirlo, será para verlos por televisión. Acuérdense: casi todo lo que nos dejan hacer en estos tiempos lleva el prefijo tele, que viene del griego y significa “a distancia”. Como cuando estábamos en las antiguas gradas de fondo y el juego se desarrollaba en la portería opuesta… Bueno, eso sería supertele -si de joven comprabas esa revista o el teleprograma, eso quiere decir que ya no lo eres tanto y estás más cerca de entrar en la llamada población de riesgo, con perdón-.

Que me perdonen también los balconazis. Si, ya saben, los de la policía balconada de La Cañada y parte de la Península. Viejóvenes del visillo que todo lo critican, apostados en sus balcones moralizando sobre todo y dando ejemplo de nada. Los sufrimos cuando empezamos el confinamiento y sus miradas, con lupa detectivesca, nos quemaban si salíamos a comprar, pasear al perro o tirar la basura.

Ahora, pudiendo salir a hacer deporte, más observado me siento. Quizá me cronometren, puede que calculen la distancia o el tiempo que me separa del anterior o siguiente ciclista que vean pasar desde su privilegiado palco. Pues bien, he de decirles, desde el amparo de la ley y la tranquilidad de quien no hace trampas, que con el tiempo me he vuelto un provocador. Y me vengo arriba, con la sangre fría -casi helada- de un francotirador. De un Djordjevic cualquiera en pabellón ajeno y municipio propio. Mañana, si nos dejan, volvemos a la carga. Con perdón.

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