Si no es por no irme

22/04/18. Javi Montoya

Por no llorar, trataremos de reír. Motivos hay más para lo primero pero los cómicos se empeñan en divertirnos. Sabíamos que con Lucas la diversión sería poca pero sí lo veíamos capaz de evitar el desastre que, sin embargo, se agudiza cada semana, con rachas de partidos perdidos y no ganados. Varias derrotas consecutivas por aquí, ocho sin ganar por allá, para completar dos meses horribles. Marzo y abril no han podido ir peor y, aunque a cada derrota hemos podido pensar que se había tocado fondo, como en Zaragoza, la sensación que uno tiene es que por desgracia la cosa no tenga límite. En Cádiz, tras dar ante el Sporting ese mal augurio, se salvaron los muebles y Alcaraz lanzó mensajes casi triunfalistas.

Pero este Almería no dio señales de vida después ante el Albacete y menos aún en Zaragoza. Así, con el descenso planeando más que nunca en vísperas de recibir al Barça B, rival directo junto a Córdoba y Cultural para tratar de evitarlo, el mensaje del entrenador es que hay que ganar partidos… Eso que no hace desde febrero. Todo en orden pero por desgracia los demás sí lo hacen, como los mencionados, como hizo el Nástic hasta ponerse fuera del alcance o como acaba de hacer el Reus in extremis en el Carlos Belmonte.

Con este panorama, por si fuera poco el sesudo análisis de Alcaraz, aparece Alfonso García en Zaragoza pidiendo apoyo a la afición e incluso a la prensa, dejando entrever que a final de temporada habrá limpieza, incluyéndose a sí mismo. Y para colmo tuvo la brillante idea de lamentarse por las bajas y la falta de recambios. La ocurrencia de dirigirse a las peñas indicando de nuevo cuándo hay que apoyar incondicionalmente -siempre- y cuándo protestar o criticar por lo evidente -nunca-.

Usando el máximo respeto y aunque ya se me va gastando, señor García y familia, dejen de tomar el pelo. Esto no es el Show de José Mota. Esto no es una guardería en la que prometes a los niños caramelos pero luego no puedes dárselos y te recreas en el sufrimiento. Esto no es el sketch del “si hay que irse se va pero irse pa’ na’ es tontería”. No está el horno para bollos y, puestos a llorar, lo suyo es llorar de risa. Pero aquí, si es que hay que reírse por algo es por sus ocurrencias, sin pizca de gracia, sin embargo. Una risa nerviosa que nos vuelve a tener en vilo. Cierren al salir, hagan el favor. Tonterías las justas, con perdón, Alfonso.

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