No hay que llorar

01/03/20. Javier Montoya

A veces dan ganas. Yo particularmente no recuerdo la última vez que lo hice. Pero a veces dan ganas. Por suerte, si se me escapó alguna lagrimilla últimamente, debió ser de alegría, de risa seguramente. Y ya si digo cuándo fue la última vez que lloré, literal o incluso metafóricamente por fútbol… Años o más bien décadas. Si pienso en llantos metafórico-futboleros se me vienen a la cabeza entrenadores: Luis Fernández, en la recámara de Turki o Mourinho. Había que reírse con sus cosas, metáforas incluidas.

Al artista antes conocido como Guti, tras caer en Cádiz por Carnaval, sólo se le ocurrió llorar argumentando que el rival había marcado en las dos ocasiones que tuvo. Otro recado a sus jugadores, en este caso a los defensores y al portero Fernando. Supongo que el resto del equipo y él mismo, según se parecer, bien. Sí vería más de una ocasión rojiblanca aparte del gol de Corpas, como “la de Jonathan”.

Era el día para sacar algo más que los tristes empates que habían sacado en las últimas jornadas, con mayoría de derrotas. Era el día para ponerse a dos de un Cádiz que venía de perder por la mínima y sin ver portería en sus dos últimos partidos. Era el día para darle los carnavales a los amarillos. Pero no. De la jornada 24 a la 30 han cambiado tanto las cosas que se ha pasado de mirar al resto desde arriba y por encima del hombro a casi ni ver a Cádiz -a 8- y Zaragoza. Y mirando de reojo al Huesca, etc.

A José María Gutiérrez se le acabó el crédito hace mucho. Pero, irónica y paradójicamente, el problema -de Turki y por ende de toda la parroquia rojiblanca- con él es de débito. Por eso, artista, no hay que llorar, que la vida es un carnaval, que es más bello vivir cantando. Y por eso mismo, aficionado, las penas se van cantando… No más lagrimas.

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