Memorias Rojiblancas. El día que tocamos el cielo

11/04/19. Aarón Martínez

19 de mayo de 2007. Se ha escrito mucho sobre este día. Un partido especial, intenso, de los que se recordará toda la vida. Un punto de inflexión en la historia de una ciudad, de un club, de una afición y de unos jugadores. 26 años después, Almería volvía a Primera División.

Jornada calurosa en los Juegos del Mediterráneo. En la previa de los meses estivales, el estadio se vestía de gala ante una cita histórica. Ambientazo para presenciar la jornada 38 de liga. A falta de cuatro partidos, los unionistas podían confirmar el ascenso. Ya tuvieron una oportunidad en las tierras murcianas de Lorca, pero la derrota hizo que se dejarán el trabajo para casa.

La UD Almería se enfrentaba ese día a la Ponferradina. El equipo berciano tenía objetivos distintos, ya que luchaba por permanecer en la categoría. Su intensidad inicial dio sus frutos con el gol de Rubén Vega. Se adelantaba el equipo visitante. Tocaba remar, como ocurrió muchas veces esa campaña. El equipo de Unai Emery se acostumbró a esta adversidad. Remontar era una tónica en muchos partidos.

Y si alguien tenía que marcar el primer gol de la remontada ese era José Ortiz. En un saque de banda de Bruno Saltor desde la derecha, el balón es tocado por Michel con el tacón y lo dejaba muerto en el área para que el capitán rojiblanco le pegase con el alma, fuerte, abajo, donde duele. El empate levanta al equipo y a la gente.

El plantel indálico entraba en trance y al minuto llegaba el segundo. Jugada por la izquierda de Michel que sirve en bandeja el gol a Kalu Uche. Con este resultado, el objetivo estaba hecho. Así se llegó al descanso. Quince minutos para contener los nervios y la tensión.

La segunda parte iba a ser sufrida. El rival quería llevarse puntos de su visita a la provincia andaluza. La Ponferradina tuvo un par de ocasiones. Uche sacó un balón de debajo de los palos y David se topó con el larguero tras un chut violento que no entró por poco. Fueron 45 minutos con mucho sufrimiento. Pero un ascenso no iba a costar menos.

El punto final iba a llegar en el descuento. Tras un balón perdido en el centro del campo del equipo leonés, que estaba volcado en ataque, Fernando Soriano iba a dar el tercer gol a Miguel Ángel Corona. Con una calma y un talante descomunal ponía la puntilla. Almería fue una fiesta.

La imagen de aquel día fue José Ortiz con la camiseta de Juan Rojas en la celebración en el campo. Representación perfecta de almeriensismo puro. Los dos estandartes futbolísticos de la ciudad unidos. El mayor hito para aquellos que no vivieron el ascenso de 1979. Porque la vida no es como fue, sino como se recuerda.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.