Los porqués

01/06/19. César Vargas / @_CesarVargas

En un marcado día de playa, chiringuito y playa de nuevo, muchos nos arrepentimos de malgastar el pasado domingo viendo un partido que ni los futbolistas querían jugar. En un estadio vacío, con un sol de justicia y con veintidós profesionales que apenas nos regalaron un par de ocasiones de gol, ni siquiera la afición estuvo por la labor de reivindicarse. Esto es Almería. Aquí nada ni nadie perturba la paz. Ni Alfonso García.

Hubo, pese a todo, un conato de rebelión. Cuando nos acercábamos a las dos horas sentados, con el jugador de turno tirado en el suelo, parte de la grada se acordó de lo de Fran Fernández. Y le vino a la cabeza lo del filial. Y la ciudad deportiva. Y las insufribles temporadas acumuladas. Y las ventas de jugadores. Y los proyectos tirados a la basura. Y, entonces, espontáneamente, varios valientes iniciaron un tímido “Alfonso García, fuera de Almería” que, poco a poco, iba ganando adeptos. Parecía que el estadio bulliría, al fin. Hasta que aparecieron ellos.

Indignados, perezosos tras despertar de su letargo, decenas de aficionados se levantaron para recriminar su actitud a los sublevados. A esos traidores sin memoria. ¡Comprad vosotros el club, si tanto criticáis! ¡Ese hombre nos llevó a Primera! ¿Dónde estaría el fútbol almeriense si no fuera por Alfonso? Y, claro, la queja cesó. Porque hace mucho tiempo que el estadio no ruge al unísono si no es empujado por Grada Joven, ausente y maltratada por su propio club. No se señala a quien defiende a Alfonso. Se señala a quien lo hace por mero interés.

Si quien lo defiende es mi vecino del Barcelona, pensaré que lo hace porque nunca va al estadio. Y no diré nada. Si quien lo defiende es mi primo, abonado, deduciré que está satisfecho con lo que ve. Y no diré nada. Y, si quienes lo defienden son aficionados de dudosa reputación acostumbrados a poner la mano y agachar la mirada, pensaré que lo hacen porque ellos preferirían seguir viajando gratis en Segunda B que tener que pagarse una entrada por los estadios de Primera. Y eso hay que denunciarlo públicamente.

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