Las casas de apuestas

 

 

 

 

 

 

 

30/03/19. César Vargas / @_CésarVargas

El fútbol está lleno de contradicciones. Normalmente, éstas llegan cuando lo racional choca con lo subjetivo, cuando la conciencia nos intenta convencer de que aquello por lo que sufrimos o nos alegramos de forma exagerada solo es un deporte practicado por personas que ni nos van ni nos vienen, mientras que, al mismo tiempo, el corazón nos hace creer que se trata poco menos que de nuestra propia vida.

Sin embargo, se dan otras incoherencias del todo absurdas en este cada vez más impuro mundo del balompié. Una de ellas, quizás la más grave de todas, es la de las apuestas, prohibidas para cualquier profesional del deporte pero, en cambio, fomentadas sin ningún pudor, hoy en día, por un gran porcentaje de clubes de élite. Uno de los últimos en hacer propaganda de esta práctica que promueve la ludopatía ha sido la UD Almería.

El club rojiblanco, al igual que otros tantos, está llenando sus redes sociales de contenidos que animan a sus aficionados a realizar juegos y actividades que tienen, como única finalidad, la de iniciarlos en las apuestas, naturalizando esta práctica y revistiéndola de una simpatía que ni mucho menos puede ocultar la gravedad que se esconde tras la ludopatía, un espeluznante vicio que destroza personas y núcleos familiares.

La publicidad de casas de apuestas nos acompaña ya en cualquier aspecto cotidiano. No podemos seguir una retransmisión deportiva, leer un periódico o navegar por Internet sin que nos propongan bonos de bienvenida o cuotas irrechazables en eventos que nos dan igual. Mientras nadie regule esta exagerada invasión, solo nos quedará confiar en la buena moral de aquellos que siguen sin aceptar patrocinios de empresas que se sustentan a través del juego.

Puede parecer muy divertido bajar al césped durante el descanso del partido de tu equipo y marcar un gol por la escuadra a cambio de un importe de 100 euros en apuestas, pero no lo es. De hecho, puede ser el inicio de un vicio aterrador del que muchos no logran escapar.

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