La última página de Alfonso

03/08/19. César Vargas

Ya está. Se acabó. Quién nos lo iba a decir hace apenas 48 horas, cuando estábamos tranquilamente leyendo informaciones sobre no sé qué canterano del Villarreal o las andanzas del equipo en la costa malagueña. Pero, en este frenético final de semana, todo ha cambiado. Alfonso García es ya historia de la UD Almería.

El empresario murciano deja, tras de sí, 16 años que, aunque analizados al por mayor, como un todo, han bordado en letras doradas la historia del fútbol almeriense, vistos más detalladamente, individualizados, albergan luces y sombras. Inolvidables, por siempre, serán esos dos ascensos, en especial el de 2007, cuando un aura de ilusión, ingenuidad y pasión sobrevolaba una ciudad que llenó sus balcones de banderas rojiblancas tras 28 años sin pisar la élite.

Los cursos en Primera han dejado instantáneas para la historia. Las victorias ante los grandes de nuestro país, los futbolistas de talla mundial que vistieron la rojiblanca, los ambientes inigualables en el estadio. Todo ello permanecerá en la memoria de quienes lo vivimos.

Pero las sombras son alargadas, especialmente en este último lustro. Dinero ingresado que no se invertía en el club, plantillas mediocres, incapacidad para generar un proyecto, mentiras imperdonables como la de la ciudad deportiva, nula ambición y una falta absoluta de empatía con la afición y la sociedad almeriense han ido minando la imagen de un presidente que ya no tenía ilusión por seguir.

Ahora, solo podemos aguardar con impaciencia e incertidumbre qué nos deparará la misteriosa gestión de Turki Al-Sheikh. Y es que, que la etapa de Alfonso García haya terminado, no quiere decir que el murciano no vaya a seguir presente. Porque, si ha vendido todas sus acciones a la primera persona que le ofrecía lo que le pedía, habrá sido imperdonable. Si, por contra, su manido “dejar el club en buenas manos” se ha cumplido, solo podremos darle las gracias. Alfonso García ha engrandecido el hasta hace poco siempre malherido fútbol almeriense. Ojalá el dinero no le haya hecho tirar por la borda su legado.

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