Imagine

15/12/17. Javi Montoya

Imagine usted que la empresa donde trabaja tiene sede en Almería pero su dueño vive en Murcia y no es muy dado a bajar de Águilas, como si allí hubiera un muro más propio de Juego de Tronos. Imagine que ese hombre imagina una frontera infranqueable, una aduana en Pulpí en la que pasen cosas que no se pueden contar porque son muy desagradables.

Imagínese que ese señor, de Murcia como le decía, por poner un ejemplo, acaba de osar esta semana a desplazarse a la sede de su empresa, haciendo frente a todos los peligros habidos y por haber en esa autovía que le debe parecer un camino al infierno.

Imagine que lo ha hecho para asistir a la cena navideña pero ha alegado motivos personales para ausentarse de una importante reunión anual que él mismo convoca también, como cada final de año, para rendir cuentas ante socios y accionistas de la entidad, dejándole el marrón a su hija, en la que delega continuamente para bien o para mal e incluso la coloca como parte innegociable de la dirección en una hipotética venta de la compañía a otro grupo empresarial, sin que usted ni la mayoría del entorno de la empresa entiendan muy bien qué méritos ha hecho la muchacha para tan alto cargo, amén de ser hija de su padre, con todos mis respetos y supongo que los suyos -antes de que se eche encima ningún colectivo achacándonos que imaginamos cosas desagradables y discriminatorias por razón de género, conste en acta que le doy a usted poder para imaginar que el señor de Murcia tiene también un hijo colocado al mando de la empresa, a modo de camarlengo, de presidente in pectore-.

Imagine que a finales de verano fue contratado de rebote un señor mayor, prejubilado y autónomo en su retiro canario, con unas condiciones especiales en teoría favorables para todas las partes. Siga imaginando que ese trabajador tarda algo en incorporarse a la dinámica de la empresa pero lo hace antes incluso de lo esperado, llega a ser importante por la ausencia de varios compañeros pero, por motivos parecidos a la de muchos de ellos, es baja médica. Recibe el alta nuevamente antes de lo previsto pero, también por motivos personales y antes de lo estipulado, dice que se vuelve a Canarias -a encarrilar su jubilación, regentar el negocio que tenía medio montado y trabajar en una pyme-. Con escasez de compañeros sanos -está to el mundo malo y el espidifen pasado de moda-, la empresa no puede contratar a nadie hasta enero y debe tirar de becarios pero ojo que si viene una inspección de trabajo no puede haber más de cuatro a la vez y el encargado debe andar con ojo, menudo estrés. ¿Se imagina?

Imagine también que, como la del canario que se fue, otras enfermedades de compañeros se veían venir, ya sea porque fueran también señor mayores -mis respetos también a este colectivo, en el que a muchos se nos incluirá algún día y será buena señal- y/o porque llevasen tiempo sin trabajar, por lo que habiendo poco personal y mucha carga de trabajo la salud podía resentirse. Con pocas excepciones de gente sana y trabajadora que cumpla su labor según lo esperado, imagine por último que alguno de sus compañeros se pone malo un día pero no es visto por el médico de empresa hasta más de una semana después porque este último no acostumbra a visitar al paciente, por mucho que sea trabajador de la compañía que le paga al doctor, sino que recibe en su consulta, quizá haciendo un hueco prioritario pues la lista de espera no debe ser de unos días sino de un mes. Puestos a imaginar, imagine, por cerrar el círculo, que esa consulta está en Murcia, que ya sabemos lo del muro y la aduana de Pulpí.

Imagino yo que por eso, a ver si coincide usted conmigo, otro compañero recién llegado pero veterano de guerra curtido en mil batallas ha pasado del médico de empresa, se ha ido a Barcelona, le han dicho que se opere y allí se operará. En fin, no sé si también a usted se le acaba la imaginación. Yo, como uno de los directivos de esa empresa imaginaria y que no falta a esas reuniones anuales desde su creación en 1989, antes incluso de que diera lugar a la actual y a la llegada del jefe murciano, soy un soñador. Imagine un mundo lleno de Quijotes y Lennons. Imagine que la tierra girase gracias al impulso de los abuelos que pedalean, sin broncodilatador, clembuterol, testosterona, nandrolona y otras hierbas, en las bicis de los parques para mayores o circuitos biosaludables, como quiera llamarlos. Imagine, imagine.

3 Responses to Imagine

  1. Antonio dice:

    Muy bueno!!! Señor Montoya,, si señor..

  2. Antonio dice:

    Los dineros y los cojns para las ocasiones,, y más cuando se suelen cavilar con ellos.

  3. Antonio dice:

    Y no solo cavilar,, vacilar..

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