¿Hasta cuándo?

25/05/19. César Vargas / @_CesarVargas

Primero fue la ciudad deportiva. Había que apartar no sé cuántos millones de euros para ese espectacular proyecto que nunca llegó a realizarse. Pero los millones se apartaron. Y el equipo descendió. Luego, tras el fallido intento de volver a la élite por la vía rápida, llegó el altruismo. Entre los veranos de 2017 y 2018, el club se agenció cerca de cinco millones de euros con los traspasos de Chuli, Iván Sánchez, Josema o Quique, primero, y de Pozo y Fidel, después. Apenas gastó en fichajes. La temporada pasada se vendió que el dinero no garantizaba el ascenso. Se necesitaban jugadores de otro corte. Austeridad. Ya este verano, se dijo que el filial necesitaba un millón y medio de euros, al estar en Segunda B, y que eso condicionaba el presupuesto. El Almería B ha sido el peor de los 80 equipos que han militado este año en la categoría de bronce. No solo eso. El plantel que tanto preocupaba en verano, ni siquiera cambió de entrenador en todo el año. Apenas incorporó a nadie en invierno para revertir la situación. De pronto, dejó de importar el filial. Pero aquel millón y medio sirvió para justificar el rácano mercado de fichajes.

Ahora, el presidente habla como si su equipo hubiera hecho 105 puntos y llevase ascendido desde marzo. Como si se hubiera salido. Como si hubiese firmado una temporada histórica, apoteósica, nunca vista hasta ahora. De pronto, resulta que es imposible retener a los jugadores. Que su caché ha crecido demasiado, al quedar décimos en la clasificación. Con tres jornadas aun en juego, Alfonso García nos ha hecho a la idea de que será imposible contar con Álvaro Giménez el año que viene. Juan Carlos, Rioja, Saveljich, Ibiza e, incluso, Eteki, también tantean su futuro lejos de Almería. Sin contar con Fran Fernández, el hombre cuya prioridad siempre fue estar en este club, que, al parecer, fue imposible de renovar. Son muchos años de excusas, de mentiras, de menosprecios. Y muchos años de silencio de la afición. ¿Hasta cuándo aguantaremos? Y, lo más importante, ¿hasta cuándo dejaremos que Alfonso García aguante?

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