El que siempre creyó

 

 

 

 

 

 

 

11/03/19. César Vargas / @_CesarVargas

“Mi deseo es llegar a mayo con opciones de playoff”. Atravesábamos el mes de noviembre cuando Saveljich dinamitó, con estas palabras, la sala de prensa del Estadio Mediterráneo. Cuando apenas se llevaban tres meses de competición, y con el equipo todavía algo lastrado clasificatoriamente por su mal inicio, el central se salió de todos los guiones impuestos por el club y mostró una ambición que no dejó indiferente a nadie. Pero la cosa no quedó ahí.

“Queremos seguir sumando para llegar a mayo con opciones de entrar en el playoff”. Un mes después, en diciembre, Saveljich mantuvo intacto su discurso. En un entorno donde todos miraban hacia abajo, todavía temerosos por lo vivido años atrás, él alzaba la vista hacia la cima. En enero, ya sí, con la ilusión empezando a brotar a nivel colectivo, el argentino se reivindicó: “Si tenemos la suerte de pegar el batacazo, jugar playoff y ascender, pido de rodillas quedarme”. Muchos queríamos creer al defensor, pero la cabeza, ajena a todo lo irracional que envuelve el mundo del fútbol, nos frenaba, recordándonos los infaustos años atravesados por culpa de una junta directiva que sigue intacta, como si nada hubiera sucedido.

Zaragoza cambió el panorama. Con 1-1, en un todo o nada, Saveljich subió a rematar un córner. Mientras esperaba la ejecución de Rocha, sonrió. Y todos sonreímos con él. Saltó. Y todos saltamos con él. Marcó. Y todos marcamos con él. Creyó. Y, al fin, todos creímos con él. Entregados. Ciegos. Conscientes de que, a la larga, nos podremos arrepentir de esta ilusión, pero dispuestos a asumir el riesgo.

Por si a alguien le quedaba alguna duda, Saveljich es el auténtico capitán de este equipo. Y lo es por su valía en el campo, pero también por su ambición, su liderazgo y sus declaraciones. Ajeno a todo mensaje institucional. Libre de decir lo que piensa. Sin ataduras. Consciente de su jerarquía. Ahora, todos creemos en ese milagro llamado playoffs. Pero él fue el primero. Y ha logrado arrastrarnos. Eso no lo hace cualquiera.

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