El punto cero

04/05/19. César Vargas

El paisaje húmedo, nebuloso, repleto de infinitas formas verdosas, altas y pomposas, nos indicaba que estábamos lejos, muy lejos de Almería. Atrás quedaba la rocosa Despeñaperros, los aburridos paisajes manchegos, la ajetreada Madrid o la tranquila Castilla y León. La final cada vez estaba más cerca. El final también. Seis autobuses de tensión, risas nerviosas, silencio e introspección estaban a punto de llegar a Lugo procedentes del rincón opuesto de la Península. Mil kilómetros entre ambas ciudades.

Todos sabemos lo que sucedió en el Anxo Carro, lugar al que el Almería fue sin depender de sí mismo, en descenso, y sitio en el que los andaluces pasaron varios minutos en Segunda B. Hasta el gol de Fidel, el momento más importante del partido más importante de la historia del club. Los 300 almerienses allí presentes lloramos, reímos, cantamos, gritamos, sufrimos y nos alegramos. Todo en 90 minutos. Todo con los ojos puestos en infinidad de estadios más, factor obligatorio cuando no se depende de uno mismo para lograr un objetivo. Con el pitido final llegó, primero, el alivio. Luego, la indignación de muchos, hartos de acumular un lustro de despropósitos por culpa de esta infausta directiva.

Mañana, 11 meses después, Fran Fernández y los suyos volverán a visitar el lugar donde nació este proyecto. Fran Fernández será el mismo. Los suyos serán muy distintos. Apenas René y Owona repetirán de los que saltaron el pasado 1 de junio al césped lucense. El contexto también cambia. Ahora, los almerienses pelean por apurar sus opciones de playoff de ascenso y los locales, indolentes en el duelo del pasado año, se juegan un descenso.

El Anxo Carro siempre formará parte de la historia de la UD Almería. Estar allí presente fue la mayor locura de mi vida por este deporte. 2.000 kilómetros en poco más de un día. 35 horas desde que salimos de Almería hasta que regresamos. De ellas, alrededor de 25 en autobús. Una paliza. Un disparate. Una barbaridad. Una estupidez, incluso. Pero volvería a hacerlo. Maldito fútbol.

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