¡El partido del milagro!

14/12/17. Juanjo López

¡El partido del milagro!, esto fue lo que me dijo Ana Belmonte -mi santa esposa y rojiblanca hasta la médula-, tras igualar el Almería el 2-0 frente al Granada este fin de semana, casi dos minutos después ese milagro se desvaneció, pero he querido que prevalezca como título de este artículo –aunque en realidad debería haberlo titulado “Pillería; pillos y no pillos”-.

Y es que al Almería le faltó un milagro para haber hecho la gesta de la remontada, algo que desde hace mucho tiempo no vemos, me atrevería a decir que desde la temporada 2006-07, la del ascenso. Bien es cierto, que lo que si vimos, por lo menos desde el minuto 62, fue más entrega, la crónica del club define que “nuestros representantes le pusieron casta, intensidad y amor propio” pero, a toro pasado y aunque ahora sea fácil decirlo por mi parte –ventajista como diría Soriano- les faltó, además de más goles que al rival, más pillería.

Cuando digo que le faltó pillería, es que pienso que faltó algún jugador con algún tipo de tirón, último cambio, tarjeta al portero por demorar el saque, meter el autobús en la portería o incluso buscar la polémica –sin violencia- de alguna jugada para perder tiempo, eso es lo que en muchos encuentros del rival nos encontramos aquí, son más pillos y la pillería es algo que existe en el fútbol desde que fue creado, como diría el Vicepresidente del armería, el grande de Manolo García, “el fútbol es para listos” o Gustavo Biosca, el cual pensaba que el fútbol era un juego para listos y pillos y que por eso se aprendía en la calle con pelotas de trapo.

Pero a lo pasado tierra, lo importante y con lo que me quedo, es la aptitud y con la sensación de ver más que hace un mes y medio, esas sensaciones que José Manuel Gallardo, compañero de la peña Sotanillo Ortiz Bernal, trataba de explicarnos a los que no pudimos viajar a la ciudad de la Alhambra, porque Gallardo era uno de esos 500 valientes que si estuvieron y para mi ellos son el mejor testigo de esa casta, intensidad y amor propio.

Compañeros ¡siempre nos quedará Córdoba!, y este mismo sábado, por ejemplo, puede ser un buen rival, pero sin milagros por favor, que aunque me duela decirlo –me acuerdo de la final de hace dos temporadas en su casa-, hay que ganarles, no puntuar, ganar, sacar esa casta, intensidad y amor propio que todos estamos convencidos que este equipo tiene, para que Ana, entre otras cosas, no vuelva hablarme de milagros, sólo de puntos… tres.

Mucha suerte y felices fiestas en nada.

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