El llanto del Mediterráneo

12/03/18. Manolo Serrano

La noticia ayer del descubrimiento del cuerpo sin vida de “nuestro” pescaito, y digo nuestro porque con el permiso de esos destrozados padres, la ternura de Gabriel se ha ganado para siempre un cachito importante de nuestros corazones, ha conmocionado a un país entero que se ha volcado en este incomprensible caso, en el que un inocente niño de 8 años pagaba con su vida la locura de quien pudo cometer tan atroz crimen.

Como no podía ser de otra forma, el sàbado el Estadio de los Juegos Mediterráneos respondió ante el llamamiento de la Federación de Peñas de la UD Almería para llenar las gradas con pancartas y dibujos de pescaitos con los que se pretendía mantener viva la esperanza de encontrar sano y salvo a Gabriel. El club también aportó su granito de arena poniendo su imagen en el vídeo marcador, leyendo mensajes por la megafonía y recordando a nuestro pescaito en las camisetas con las que ambos equipos saltaron al terreno de juego. Pero el momento más emotivo llegaría en el minuto 27 de encuentro, dígitos que coincidían con el día de su pérdida, en el que se preparaba una cerrada ovación de los más de 7.100 asistentes al partido.

Cinco minutos antes de esos previstos aplausos, el cielo de Almería dibujó figuras de peces como si quisiera unirse a la reivindicación de la toda la afición almeriense, mientras sus nubes lloraban sobre el Mediterráneo durante un par de minutos. Sus lágrimas cayeron con fuerza, con rabia, la misma que siente hoy una sociedad compungida por tan duros acontecimientos. El viento se empleó también esa tarde con dureza, pero no la suficiente como para llevarse los sentimientos que se habían generado en torno a un crío, Gabriel, que se ha convertido irremediablemente en el pescaíto más grande que jamás nadará en el Mediterráneo.

Mi más sincero pésame a todos sus seres queridos.

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