El equipo perdió la identidad tras el descanso

03/09/17. Manolo Serrano

No fueron malos los primeros cuarenta y cinco minutos del Almería en Soria, pese a que el marcador bien pudo haberse movido por igual para un bando que para otro, en un arranque donde predominaba el escaso rigor defensivo, y en el que daba la sensación de que los de Ramis podían repetir la hazaña del primer encuentro de la temporada ante el Nástic.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad, el destino tenía preparada otra derrota más, y van seis en las diez ocasiones que los rojiblancos, ayer de blanco, han jugado en Los Pajaritos. El resto fueron cuatro empates, en un campo que parece maldito para los unionistas.

Como decía, el ritmo de partido era bueno en su primer cuarto de hora, la intensidad la adecuada, e incluso daba la sensación de que Fidel se movía muy a su gusto por la banda izquierda, donde sus incursiones en el área creaban mucho peligro. En la primera asistió a Caballero que tuvo la mejor ocasión del primer acto. En la segunda fue él mismo quien disparaba a puerta, tras una buena jugada individual, encontrándose con la mano de Aitor que abortaba su intento de adelantar a la UDA.

Pozo en esos momentos, pese a no mostrarse tan participativo como en anteriores citas, aparecía en ocasiones para esperanzar a la parroquia visitante de que el triunfo era posible. Pero no acabó de cuajar una buena actuación. Lo peor, el poco control del juego en la medular y la realización de repetidas faltas cercanas al área propia, que ponía en riesgo la meta de un siempre atento René.

Fue en los vestuarios, al llegar al descanso, cuando los de Ramis parecieron dejarse su sello de identidad de las dos primeras jornadas, aparcado para el siguiente partido. Nada más saltar al terreno de juego pareciera que al Almería lo hubieran cambiado por un conjunto sin ambición, que cedía metros, concedía contras peligrosas, acumulaba errores en creación y apenas acertaba a frenar a su rival si no era con juego duro, castigado en ocasiones con amarillas. 

Los avisos se repitieron en el primer cuarto de hora de segundo tiempo, hasta que llegó el tanto de Pere Milla. El Almería tampoco tuvo reacción, algo que preocupó también a Ramis, quien vio falta de ganas en sus jugadores, y advirtió tras el partido que no permitiría que nadie se durmiera.

En definitiva, mala imagen de un Almería simplón, que echó a perder un decente primer tiempo con un flojo segundo acto en el que estuvo irreconocible. Pozo no tocaba balón, Fidel lo hacía para perderlo, Alcaraz no era el jugador de las dos primeras jornadas, y la defensa no se empleó con contundencia ni determinación, para dejar escapar así tres puntos ante un rival que se llevó todo el botín sin excesivos alardes, y para colmo, con una jugada de Diamanka, ex rojiblanco, en la que sirvió el gol en bandeja a Milla.

Ahora toca el impás de la Copa del Rey en Cádiz, un mero trámite a cumplir, para centrarse ya en el Lorca, siguiente rival del liga en el Mediterráneo con el que poder enmendar la mala imagen dada en Soria.

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