El enemigo

18/07/20. Javi Montoya

¿Está el enemigo? Con esa pregunta, vestido de militar y un teléfono antiguo, sacaba el humorista Gila las carcajadas del público. Ahora me ha dado por pensar si tendré yo más enemigos que amigos, quizá sea algo tan relativo que dependa del cristal con el que se mire. Si lo miro desde mi punto de vista, no odio a mucha gente -aunque tampoco siento devoción por demasiada, para qué engañarnos-. Lo que no sé es si muchos me odiarán a mí, no me lo parece. Y los que muestran cariño tampoco serán demasiados, pero los suficientes para sentirme feliz y querido, en el medio del camino de la vida. En plena crisis de los 40.

Ahora los amigos son amiguis y los enemigos, haters. Cosas de modernos. Las redes sociales pueden hacer mucho bien, pero también bastante daño. Mis amigos y enemigos saben que las voy usando cada vez menos, que facebook, twitter y hasta whatsapp saturan bastante. En la primera hay demasiados amiguis, en la segunda excesivos haters y en la tercera muchísimos grupos de amigos y enemigos mezclados. Yo me bajo de algunos cada cierto tiempo, que me perdonen los miembros. Y las miembras.

El enemigo de la UDA parecía el Cádiz. Pero quedaron atrás los rojiblancos; los amarillos, sin mucho negocio, subieron matemáticamente gracias a la inoperancia de sus enemigos: aparte de Almería, Huesca y Zaragoza. Los oscenses pasaron a ser el rival con el que luchar por la segunda y última plaza de ascenso directo. Pero hicieron los deberes, al contrario que almerienses y maños -ellos están de pena, peor que nosotros: consuelo de tontos-.

Alba y Ponfe, luchando por mantenerse, pasaron por encima de Zaragoza y Almería. Nada nuevo en esto del fútbol y en la vida en general: crees que tu enemigo es uno de tu nivel, te descuidas y zas. Ahora tocará batirse en playoffs con los de Víctor Fernández, el Girona de Francisco y un tercer enemigo que ha de salir entre Fuenlabrada, Elche y Rayo. Pero si la UDA se disfrazara ahora de ese Gila militar, cogiera el teléfono y marcara haciendo girar la rueda para preguntar por el enemigo, ¿qué pasaría? Que estaría en casa: le sonaría el móvil, digamos el de su propio entrenador, Mario Silva -si estuviera aún, imagino a Guti llamando a Gutiérrez-. Continuará…

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