Desconfianza con fundamento

12/09/17. Raúl Piñeiro

El ímpetu de Ramis y su confianza en conseguir el objetivo fue lo que más destacaron cuando el entrenador se hizo cargo del equipo. Se mostró siempre muy confiado en lograr la permanencia y, a partir de ahí, crecer en la entidad, de la mano de su gran valedor, Raúl Lozano, entonces nuevo Director Deportivo.

El primer palo a su confianza vino en aquellas bochornosas salidas con el Almería jugándose la vida y con algunos jugadores dejando mucho que desear. Ramis había logrado lo más difícil, sacar al equipo de un descenso que dábamos seguro en Febrero, y justo cuando se veía la orilla, el equipo dejaba que desear.

El segundo palo fue cuando, lograda la permanencia, se descubre que Raúl Lozano no puede ser el director deportivo puesto que Corona tiene un contrato firmado, desde antes de volver de Australia, para ese puesto, dejando al asturiano con el anecdótico puesto de Asesor Deportivo. A pesar de esto, Ramis siguió trabajando, confiando que le dejaran una plantilla competitiva.

El tercer palo vino cuando, después de pasarse todo el verano pidiendo un centrocampista de banda derecha más defensivo, le trajeron a Nauzet (un año inactivo y que Ramis considera “es para jugar por dentro”) y, el mismo día que volvía a repetir su petición en sala de prensa, el Almería anunciaba el regreso de Verza, mediocentro, que además daría por cerrada la plantilla. Necesidad creada.

El equipo anda cojo por la derecha y Ramis desconfía con fundamento. El otro día, ante el Lorca, introdujo un sistema que no había usado antes, aunque en Almería estamos hartos de verlo: el trivote, o, como yo lo llamo, tricipote. La incursión de Verza junto a Mandi y Alcaraz descolocó demasiado al equipo. En primer lugar, los tres mediocentros se estorbaban. En segundo lugar, Fidel jugó a pie cambiado por banda derecha y, sobre todo, en tercer lugar, Pozo no actuó en su zona de influencia. El resultado, un equipo muy alejado de lo que el entrenador quería en verano. Se ganó sobre la bocina gracias a una genialidad de Tino Costa, pero la sensación es que Ramis ya no está tan seguro de sí mismo. Y no podemos culparle de que así se sienta… 

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