Alarmas

15/03/20. Javier Montoya

El fútbol, por esta vez y me temo que por bastantes semanas más, se va a quedar de lado en este artículo y en nuestras vidas, como el resto de deportes y el ocio en general. Intentaré no escribir mucho la palabra coronavirus, al menos no más de lo necesario y a ser posible una vez por artículo, como máximo. Bastante tenemos ya. Convertido en pandemia, había empezado a preocuparnos cuando nos iba tocando de cerca, con casos de contagios al volver de la esquina, más literal que metafóricamente hablando.

Hasta entonces nos preocupaba -por no decir tacos- que las siguientes dos jornadas fueran a puerta cerrada, en Albacete y ante Las Palmas -lo daban en Gol y era viernes noche, eso sí-. Ya, aunque creo que aún no es oficial, tampoco se jugará a final de marzo en Zaragoza. Y es muy probable que tampoco se juegue el primer partido de abril, ante Alcorcón. Y…

Se nos vienen muchos findes sin fútbol, sin deporte. Y, lo que es peor, sin poder salir de casa. Sin poder trabajar o sin poder buscar trabajo. Sin saber si con todo -o a pesar de todo- lo que tenemos que sacrificarnos, no lo estaremos incubando ya. El virus se extiende como lo que es y ojalá entre todos consigamos que deje de hacerlo.

Uno se lo toma lo mejor que puede. Con los años se va haciendo casero y en casa tenemos todas las comodidades que podemos necesitar. Una tele sin deporte pero con HBO, Netflix y demás. Tiene hasta TDT. Un móvil con Facebook, Instagram, Twitter y Whatsapp. Según parece hasta se pueden hacer llamadas.

Pero las alarmas me saltan cuando es, como ahora cuando escribo esto, domingo a mediodía y no he salido en bici. Cuando me suena la que tengo en el móvil y no puedo más que apagarla y seguir en la cama. Aquí, al lado, en mi salón, hay una mujer que dice ser mi pareja. Acabo de decirle que voy a instalar un rodillo para hacer estática diariamente en el salón y le ha parecido bien.

Ojalá que todos llevemos el confinamiento por estado de alarma tan bien como ella. Por favor, hagámosle fácil el trabajo a sanitarios o empleados de súper. No seamos más alarmistas que el despertador.

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